Autodomesticación

Todos los cuentos que escuchaba en mi niñez, e incluso los que se desparramaban en el colectivo por mis años de adolescencia, repetían ciertas cosas como susurros del viento. La salvación viene de afuera. Y si viene rápida y acelerada, como si fuera mágica, siempre es mejor.
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Todos los cuentos que escuchaba en mi niñez, e incluso los que se desparramaban en el colectivo por mis años de adolescencia, repetían ciertas cosas como susurros del viento. La salvación viene de afuera. Y si viene rápida y acelerada, como si fuera mágica, siempre es mejor.

Quizá era el príncipe que rescataba a la princesa.

O en otros cuentos que nos contabamos, era esa pareja que venía a tapar todos los agujeritos dolidos.

También con el tiempo, supo ser el trabajo que nos ahogaba de responsabilidades, y al estar en modo atr glorificado nos dormía un poco más.

Todo me dejó pensando en cuántos cuentos nos inducimos naturalmente a creer (y reforzar)…

Ayer vi una película, de esas livianas que me gustan cuando no puedo usar mi cerebro ni un minuto más. La película es forzada (Un cuento Perfecto se llama, la encontras en Netflix) pero aún así, me permitió ver -una vez más- como se glorifica el hacer de manera automática, sin reflexionar en la mutación de los deseos y aprendizajes que tenemos como adultos.

Yo soy la primera que levanta la mano en esto de enaltecer a la mujer que siempre está a mil, que siempre tiene objetivos y zanahorias por perseguir porque en algún punto crecí pensando eso, y lo que uno va viviendo, sin duda se vuelve parte de su realidad.

Mi madre era muy así hace unos 20 años. Entraba, salía, corría. Siempre hacía cosas. En el colegio muchas veces mis compañeros me cargaban cuando su auto pasaba a velocidades no aceptadas por las calles aledañas. Internamente le decían Penelope L’Amour, o Fangio, todo era muy ella.

Siempre corría mamá.

Tacos, a veces con su ambo puesto, otras con sus botas de caña alta. Me crió una madre que viajaba para capacitarse más de lo que pueda recordar. Creo que la fui a buscar muchas más veces al aeropuerto, que ella a mi. Y eso es mucho decir porque he viajado bastante…
Me crió una madre hacedora, y buscadora de experiencias. Una madre que iba en modo audio Whatsapp 2x.

Hoy está más lenta, camina más despacio, se cansa y no se saca ese conjunto de jogging rosa que le regalamos para el día de la madre. Las botas altas ya no estan en el guardarropa. Mi mamá ya no corre y muchas veces me encuentro buscando a esa mujer apresurada como si por obras del destino, uno se congelara como disney y permaneciera igual con los años. Me duele que ya no sea el correr, ir rápido, hablar intensamente parte de su realidad actual.

Tomando un tiempo de reflexión, entiendo que muchas veces, como dice Glennon Doyle en su libro Indómita vamos siendo domesticados: empezando naturalmente por nuestros padres o criadores, por nuestras parejas, por nuestras elecciones laborales, y experiencias. TODO ESO ES NORMAL QUE PASE. Siento que la vida viene con ese tomo gratis con tu nacimiento, mal que nos pese.

Lo que debería ser menos usual es nuestra capacidad de hacernos más preguntas a medida que vemos que mucho de lo que nos enseñaron, mostraron con el ejemplo, no se alinea con nuestro ser hoy.

Se me venían estas preguntas a la mente:

¿Qué personas, pensamientos, y experiencias me han domesticado en estos años?

¿Cuánto de esto que experimento hoy es parte de lo que fui programada a creer, y crear?

¿Cuánto de todo lo que vivo y experimento en esta realidad actual, refleja mi auténtico ser?

¿De qué manera puedo empezar a ser más fiel con mi yo presente?

Si una vez al año nos sentaremos con estas preguntas siento que nos asistirian a ver que mucho de lo que vivenciamos, y experimentamos en esta realidad es parte del dolor/miedo/experiencias/aprendizajes de “otros” que cargamos y asi sabiendo esto, quizá bastará con soltar aquello que no es nuestro y abrazar eso que si, de a poco, con cucharita pequeña, o como nos salga.

Quizá Glennonizando el cierre, sería hacer una especie de Autodomesticación más pura y alineada con nosotros HOY. Y hago enfasis en el HOY porque quizá en 10/20 años la que frene, la que tenga el jogging rosa sea yo, y ya no me sea tan importante lograr cosas, sino frenar a saborearlas.

Quien sabe.

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